30 de julio de 2016

Alto del León-Senda del Ingeniero

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-Ruta Jacobo/José Antonio (pendiente)

--25 de Julio 2016: Las Rozas-Colmenarejo-Valmayor-Presa río Aulencia-Las Rozas:

Día de Santiago… fiesta Nacional… lo que provocó un quórum escueto: José Antonio y yo. 

Quedamos a las 8:30 en casa de José Antonio y le planteé una ruta no muy larga pero que nos aproximara al agua rodeando Valmayor para intentar paliar los efectos del Sol que saldría después y enseñarle la bonita presa del río Aulencia y donde se encuentra el famoso y temido Mordor de las bajadas. Además él no conocía bien la subida de Río Chico y así le enseñaba una buena salida desde casa para entrenamientos justos de tiempo…

Atravesamos Las Rozas, subimos por Mataborricos y bajamos hacia Monterrozas para ya cruzar hacia el Puente del Retamar por el camino del Festibike (arroyo Lazarejo) y encarar la subida de Río Chico. En ella empezó a pegar el calor y ya nos encontramos a algunos bikers ufanos emprendiendo la bajada muy felices (para J.A. estaban “demasiado felices” con el calor que estábamos pasando nosotros); conseguimos hacerla sin problemas aunque el tramo final estaba un poco batido y costaba bastante subir el Paredón. 

Atravesamos Colmenarejo con parada técnica para rellenar las mochilas de agua y nos dirigimos al embalse de Valmayor por la Cañada. Cuando llegamos a la orilla nos dimos cuenta del nivel tan bajo de las aguas, que dejaba parcialmente al descubierto la antigua carretera. Rodeamos por la orilla hasta cruzar la carretera de El Escorial y coger la carretera de los Arroyos hasta llegar a la zona de los colegios donde cogimos la divertida senda entre árboles que lleva hasta la presa que separa el Embalse de Valmayor del de los Arroyos donde nos hicimos las fotos habituales de rigor. Al otro lado de la presa cogimos los senderos de la orilla. Apenas encontramos tráfico ciclista a diferencia de otras veces y el paso habitual de las piedras tenía muy poquita agua. Al terminarse los senderos cogimos la carretera que bordea al pantano donde coincidimos con dos ciclistas que nos señalizaron bien la salida de la senda que nos lleva hasta la ermita de Valmayor. Desde allí pusimos dirección hacia la urbanización Pino Alto por la vereda del Alamillo que pasa por la urbanización Parque de las Infantas y llega a la del Paraíso, tomando una pequeña variante a nuestras rutas habituales que nos haría atravesar parte de la urbanización del Paraíso. Al final salimos en dirección a la M-510 y después de atravesarla llegamos a la urbanización Pino Alto y de allí hasta el camping de Valdemorillo. 

Seguimos por la Colada de la Mina de Falcó, que nos llevaría por la pronunciada bajada de espectaculares vistas, hasta la antigua presa del Embalse del Aulencia que impresionó a J.A. No dejamos escapar la ocasión de hacer unas bonitas fotos y cruzamos a la otra orilla. Nos encontramos unos bikers que venían ¡desde Alpedrete! y estuvimos comentando la dificultad de la cuesta de salida y cómo quisimos evitar Mordor hasta poder hacerla con el experto Ángel.  El primer tramo de ascenso por la Colada del Molino Sopas, se hace empujando la bici y después bien aunque con mucho calor, después ya llegamos al Cordel de la Espernada que nos llevará a Colmenarejo. Desde aquí desandamos el camino para volver a casa, la bajada de Río Chico esperaba a un ansioso José Antonio. Como yo llevaba las ruedas mal fui contemporizando un poco la bajada. Y tuvimos un pequeño incidente mecánico porque el tubeless de JA perdió el talonado y empezó a perder aire rápidamente… lo apañamos con una cápsula pero duró poco por lo que buscamos una sombra y en un tiempo récord (ya le gustaría a Fernando Alonso) pusimos una cámara.

Sólo nos quedaba limpiar las bicis y engullir en la gasolinera medio litro de Aquarius en un pis- pas, esta ruta con bastante calor había consistido en unos 60km a buen ritmo (JA está fortísimo) y nos esperaba la piscina.

Aunque la convocatoria puede parecer escueta y las mejores son las salidas de un grupo numeroso, las buenas salidas en grupetes pequeños también son fantásticas y permiten que todos nos conozcamos mejor y disfrutemos igual de la bicicleta y el campo.

Jacobo.


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17 de julio de 2016

Los relajados


Aparqué junto al polideportivo de Cercedilla. Destino: La Bola por el Camino del Calvario. Mientras me estaba preparando iban pasando algunos grupos. Me fijé en uno de ellos, bastante numeroso. El maillot ponía: Club MTB Los relajados. Bajaban zumbando, así que en ese momento me pareció una paradoja. Cuando comencé a rodar, la pendiente me llevó en volandas. Quedó aparcada la paradoja. Afronté la curva de tierra y seguí carril arriba hasta bordear el embalse de Navalmedio. Crucé la valla. La zona de sombra y pinos se abrió camino. Comencé a pedalear relajado. Aparte de la curva de tierra, la siguiente fuerte pendiente no aparece hasta cruzado el vado del arroyo: Cuando acaba un tramo hormigonado y después compactado  (¡qué manía!), la curva se cierra a la derecha con bastante pendiente. Cuando alcancé la curva me encontré a un relajado que llevaba una cámara de video en el casco. Otro relajado estaba a la altura del pino de la cadena. Cuando llegué al cruce y giré a la izquierda por la zona de gravilla, me encontré al grupo de relajados, parados. Supongo que estarían reagrupándose. Les saludé y seguí subiendo hasta llegar al Calvario en sentido estricto. La pendiente, piedras, raíces y barrillo dan sentido al nombre. Fui transitando por todas ellas con bastante fortuna aunque tuve que poner pie a tierra en cuatro ocasiones (las conté). Lo justo cuando te queda el último tramito duro y no trazas bien o te encuentras un piedrolo que no esquivas. El último tramo pesado y largo con mucha piedra suelta lo hice del tirón, así que estoy contento. Hacía un año que no hacía esta subida. La mejora ha sido evidente. Tras atravesar la barrera, a la que le han añadido una doble fila de alambre (sin duda explicado no por poner dificultades a los Bikers, ¡por Dios!, sino tras descubrir que las vacas habían aprendido a saltarla) dejé la estación de tren del puerto de Navacerrada y lo coroné por carretera.
 
Seguí hacia la Bola del Mundo. Recordaba que, la última vez que subimos, Ángel tomó un carril a la derecha en vez de subir por la pista asfaltada. "Aquí está. Junto a la curva del telesilla". Detrás de una alambrada y un marco de perfil metálico cerrado por arriba y en los laterales. Unos runners llegaban bajando. Al atravesar el marco de marras uno se pegó en la cabeza. No fue nada, afortunadamente. Levanté la bici y tuve que hacer una maniobra de derecha a izquierda con doble tirabuzón. Las dificultades para las bicis abundan. Conseguí estar al otro lado. Comencé a pedalear por este carril, con tramo inicial de piedras tipo grava. A la derecha unas vistas espectaculares. Subía o bajaba algún senderista de vez en cuando. No se veían huellas de bicis. Me extrañó. Seguía pedaleando con algunos tramos de piedras. En otros, el carril se hacía sendero. Tras una buena subida llegué a una especie de pradera donde sólo había a la izquierda (en dirección a la Bola) una senda no ciclable. Miré y no encontré por dónde seguir hasta entroncar con la pista. Mala suerte. Me he debido equivocar. Volví.
 
Llegué hasta la alambrada de marras y nueva maniobra para hacer pasar la bici. En la curva del telesilla había algún biker subiendo y comprobé que la pista salía por la izquierda. Nueva barrera y puerta para acceder. Esta vez con bisagras de muelles. Se veían los pendientones de la pista. Comencé a pedalear por la pista. Tramos duros, donde se intensifica la ley de la gravedad y te pesan hasta las pestañas. Vi a un par de ciclistas que subían empujando la bici. ¿Quién les aconsejó mal? Más adelante me encontré a un relajado, que subía apurado.  Otro relajado delante comenzaba a subir en diagonal, reduciendo la pendiente. Llegué a una curva y vi que venían tres bikers por la derecha, como en el sentido del carril que había abandonado un rato antes. Les pregunté. Me dijeron que habían hecho lo mismo que yo, pero el tramo no ciclable sólo es de unos cien metros y llega precisamente a esa curva. Que merecía la pena empujar la bici (yo creo más bien que la llevarían en hombros). Seguí pedaleando, subiendo rampones y cogiendo más altura. Pasé a algún relajado más y a otros bikers innominados. Al fin, llegué a la Bola.
 
Estaba muy concurrida. Grupos de bikers, senderistas, incluso una familia donde la mujer arrastraba una especie de maleta o bolsón de viaje con ruedas. ¡Qué cosas! Supongo que subiría en el telesilla. También había un nutrido grupo de relajados, sentados, como Dios manda. Di una vueltecita rodeando las antenas y contemplando las vistas. Hice fotos, pero es imposible captar la inmensidad que te rodea. Es a cachitos.
 
Comencé la bajada hacia el puerto de Navacerrada. Algún relajado  y más personal. En estos momentos te acuerdas de los frenos y depositas una inmensa fe en el mantenimiento que le haces a tu bici. Llegué al puerto de Navacerrada. Bajé el tramo de carretera y me dispuse a regresar por el Camino del Calvario. Cuando llegaba a las inmediaciones del embalse de Navalmedio vi a una familia haciendo escalada en una pared de piedra. Me paré a ver. Pregunté. La niña tenía ocho años. Estaba asegurada con su arnés y en ese momento estaba llegando al suelo, con gran fiesta del resto de la familia. Pasé la puerta y bajé por el carril de tierra. Insisto que la bofetada de calor cuando llegas a esta parte en verano, es brutal. La bajada es rápida afortunadamente y llegas al Polideportivo sólo tras un último y breve repecho ya en asfalto.
 
Me cambié, subí la bici en la barra del techo  con el fin de lavarla (la bajada del Calvario es a prueba de manchas) y ya estaba listo para regresar a casa. Eran las 12:30. Relajado.
 
Al dar al botón de arranque el coche  hizo un ruido raro y salió un mensaje de no sé qué de la presión de las ruedas. Me bajé del coche y miré las cuatro ruedas recurriendo a las pataditas. Estaban bien. Me volví a subir. Intenté arrancar. Ruido raro. Todos los testigos encendidos, pero nada claro. Volví a intentarlo. El ruido. Salió algo sobre la batería. No puede ser. Si el miércoles pasado me han hecho la revisión del coche. O tal vez por eso... Esperé. Intenté arrancar. Nada. Repetí la operación varias veces. Aquello no arrancaba. Suspiré mientras marcaba el teléfono de asistencia. Di las indicaciones de dónde estaba. Salí del coche.  Bien. Relajado. Mientras esperaba, se me ocurrió volver a dar al arranque. Por fin sonó el motor... ¡El coche funcionaba!. Llamé nuevamente al teléfono de asistencia cancelando el servicio. Me puse en marcha rumbo a casa. Con el alma en vilo, pero llegué. De momento el coche arranca. Veremos mañana por la mañana.
 
Este final no debe apartarme de mi pensamiento. Han sido muchos momentos durante la ruta en los que me he ido encontrando bikers con este maillot.  Dándole vueltas al concepto filosófico que subyace a un grupo que se autodenomina "Los relajados", he bicheado por internet y he encontrado su página web. También sus principios, que no quiero dejar de reseñar aquí.
 
Un "relajado" no está cansado, lleva su ritmo...
Un "relajado" no se cae, descansa en el suelo...
Un "relajado" no vá rápido, va ligerito...
Un "relajado" no se divierte, disfruta como un niño...
Un "relajado" es un "relajado", monta para disfrutar y disfruta montando...
Un "relajado" está orgulloso de serlo y no le importa reconocerlo...
Los Relajados no abandonamos, nos reunimos en el bar...
Relajados, un estilo de vida...
Si lo que te preocupa es ganar no debes participar...
Aquí no gana el más preparado sino el más relajado...
 
 
el enlace a todas las fotos aquí:

https://photos.google.com/share/AF1QipOW9CGYoSDRdAUmK6qMaUo4qWUvkj1Nlp4aP1uDiq9SgWCeb2ajUQNZ01OiVWtOmA?key=SXVYUDc3YkZoZjNIT0I0enhGVW9VaHlWOHZ0cXNn





























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